jueves, 22 de abril de 2010

La santa verdad.

El año 2009 fue marcado, entre otras cosas, por una alerta de pandemia de Influenza humana AH1N1, o conocida como la gripe porcina, ya que se habría originado en el paso desde estos seres a los humanos por allá por México.
México, país hermoso, con gente muy agradable (al menos eso me ha tocado cada vez que he tratado con su gente) y muy creyente. A la mente se viene de inmediato su veneración por la Virgen de Guadalupe, su patrona. Y es desde esta misma veneración que nació un cura, que llegó a ser venerado en persona y terminó formando un movimiento internacional, hablo del Padre Marcial Maciel y su movimiento, los Legionarios de Cristo.
El padre Maciel se recuerda no por su obra, no por su entrega, se le recuerda por el abuso de menores, de seminaristas, de haber concebido hijos mientras desarrollaba su labor clerical y el llamado de Dios. La seguidilla vertiginosa de hallazgos en este sentido, obligó a la Legión de Cristo a reconocer las faltas del señor Maciel en Marzo de 2010, pidiendo perdón a los afectados.
Lo anterior abrió una llave, que el Vaticano no pudo cerrar y hoy vemos como en muchos países hoy nacen nuevos casos de abusos, pedofilia, etc… Vemos como el Vaticano no reconoce las faltas, por el contrario las desconoce, las oculta e intenta desviar la atención victimizándose.
A pesar de lo claro que está que un gran número de religiosos pertenecientes a la Iglesia Católica dejaron aflorar sus instintos humanos, aún hay feligreses que entienden que hay que defender la postura de santidad de la Iglesia a como de lugar, negando y negándose a si mismos la dura verdad.
Hoy en Chile es un párroco de Providencia, el señor Karadima, quien es objeto de una investigación eclesiástica y de seguro se envalentonaran muchos otros abusados y por ende nacerán más casos, sin embargo, ese aire enrarecido que cubre a la iglesia Católica, ese aire de desidia, de impunidad continuará si no se toman medidas desde el punto de vista civil.
No puede ser que los seminarios y la iglesia, en general, sean una madriguera dónde se refugian, se ocultan posibles abusadores. Hace muchos años que se separó el Estado de la iglesia, hoy debemos, más que nunca, hacer notar esta situación y dejar actuar no sólo a los tribunales eclesiásticos, sino que, por sobretodo a los civiles.

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